jueves, 4 de julio de 2013

¿NOS TRAERÁ LA NUEVA LEY ORGÁNICA DE EDUCACIÓN EL ÉXITO EDUCATIVO?

Acaba un nuevo curso escolar. Con alegría para muchos y con tristeza para otros por los resultados académicos. Hasta aquí, lo mismo de siempre. Sin embargo, este no es un curso como los demás. Próximamente nos enfrentaremos a una nueva ley orgánica, la LOMCE, y van ... ¿Nos lo deberíamos hacer ver?
 
Queríamos conocer el punto de vista de alguno de sus destinatarios  principales y le hemos pedido opinión a Carmen Ballesteros, docente con una dilatada experiencia en el mundo de la educación.  Esta es su reflexión.


Hablar de una ley orgánica es hablar de palabras mayores. Pero una vez más, nos enfrentamos a una nueva aventura. Es curioso que todos los partidos políticos ansíen llegar al poder para cambiar la ley que ha dejado su antecesor. Da igual el color político que nos gobierne, todos parecen  tener el mismo objetivo. Y es curioso también que ninguna hasta ahora haya funcionado. Es posible que las razones que llevan a unos y a otros sean puramente por intereses meramente políticos y que la razón principal: “la mejora de la educación de un país”, esté muy lejos de sus pensamientos. Cuesta pensar que nada de lo hecho funcione y que además sirva como arma arrojadiza para destruir al contrincante, pensando, ingenuamente que los nuevos cambios legislativos mejorarán lo hecho por los anteriores.


Foto: Thinkstock
Cuando más, en realidad es menos
Desde hace un tiempo venimos asistiendo desde las instancias políticas a comentarios que no han dejado indiferentes a casi nadie: “los alumnos no estudian, los padres no colaboran en la educación y los profesores trabajan poco y además tienen muchas vacaciones”. Me cuesta como docente aceptar de buen grado estos comentarios, que lejos de la realidad, sirven como excusa para la “reestructuración” o mejor “para los recortes” del mundo educativo.
Si los alumnos no estudian “más caña al mono”, más esfuerzo, más ratios en las aulas, más pruebas externas, nuevas reválidas…. Si los padres no colaboran, dejemos fuera a los padres de todas las estructuras de participación en los centros, demos menos ayudas a las asociaciones, demos menos becas…. Si los profesores trabajan poco, rebajemos los cupos en los centros, suprimamos programas, congelemos o suprimamos complementos salariales…. En fin estas son algunas de las brillantes ideas que últimamente se han puesto en práctica para mejorar el sistema educativo, amén de aquellas que aún quedan por llegar.
A pesar del enorme esfuerzo que supuestamente han tenido que hacer para llevarlas a cabo, eso es lo que nos dicen los políticos, desafortunadamente las cosas no cambian, nada mejora, sino todo lo contrario.

Llevo 30 años trabajando como docente y la realidad que yo he vivido dista mucho de los análisis que nos cuentan. He conocido pocos alumnos que cuando se les ha intentado ayudar de verdad, hayan rechazado la ayuda. He conocido muy pocas familias que no hayan querido colaborar en la escuela, si de verdad hemos creído que su ayuda era importante. Y he conocido magníficos profesores que no han escatimado tiempo ni esfuerzo por intentar mejorar la vida académica y personal de sus alumnos. Qué diferencia, señores, es como si habláramos de mundos bien distintos.
Por ello y desde mi humilde experiencia como docente me dirijo a usted señor Wert, que hoy es el responsable del futuro académico de nuestros niños, de nuestros adolescentes y  de los futuros ciudadanos de nuestro extraordinario país. Y me dirijo a usted que queriendo pensar que los cambios que propone los ha meditado, reflexionado, planificado con miras más allá de intereses políticos, analizado sus consecuencias en un corto y medio plazo, pueda tener en cuenta, antes de su aprobación, algunas consideraciones.
Cuando los niños inician su andadura escolar, tres añitos y muchos a partir de los cuatro meses, no es fácil encontrar a niños desmotivados, ni padres ausentes. Todo lo contrario, la sonrisa y la alegría es la seña de identidad en esta etapa, tanto de los padres como de los niños. A medida que vamos avanzando la alegría deja de ser menos hasta terminar en un profundo hastío por lo escolar, me refiero ya a la Secundaria.
 
¿Qué ha pasado en todo este tiempo? ¿Cómo hemos contribuido para que esto pueda llegar a ocurrir? ¿Qué cosas no hemos tenido en cuenta? O, ¿qué hemos priorizado para llegar a estas situaciones? Claro, los aprendizaje son más complejos, hay más asignaturas, más tiempo escolar, los padres se han desentendido, los profesores no están comprometido, los alumnos no estudian y no se esfuerzan y bla, bla, bla. Es verdad, puede que muchas de estas cosas sean ciertas, pero si nos referimos a los currículos supongo que están diseñados para la capacidad cognitiva y madurativa de los alumnos a los que va dirigido, por tanto, no debería ser así. Deberían ser capaces de adaptarse a todos esos requerimientos que tan bien diseñan las leyes orgánicas y posteriormente desarrollan las Comunidades Autónomas. Y sin embargo, no funciona.


Entre bambalinas
 
Si los padres dejan de estar, ¿qué hacemos para que no sea así? Si los alumnos no estudian y no se esfuerzan, ¿qué recursos utilizamos para evitarlo? Y si los profesores no se comprometen, ¿qué hace la Administración educativa para reforzar su escaso compromiso? Leído de un tirón, no se me ocurre otra que pensar que falta de responsabilidad. Qué desatino. Pero, es que señor ministro, tal vez hay que preguntarse por qué siempre se deja fuera del diseño de las leyes a los verdaderos actores, a todos aquellos que van a participar activamente en su desarrollo posterior, me estoy refiriendo como ya habrá supuesto, a los alumnos, a los padres y a los profesores. Y por qué se les deja fuera, ¿tal vez no es importante lo que tienen que decir?, o tal vez, ¿lo que tienen que decir no quiere ser escuchado? Tal vez sea importante ser reflexionado. Se sorprendería gratamente de la madurez de los alumnos cuando son preguntados, se sorprendería de saber de su propia voz que ningún padre quiere el fracaso de sus hijos y quizá se sorprendería de saber los magníficos profesionales de la educación que tiene y lo mucho que tenemos que decir. Pero, como siempre, seguimos quedando fuera.

Es una lástima, porque aunque deseo equivocarme con todas mis fuerzas, esta ley no tendrá éxito, como tampoco la tuvieron las anteriores. Ojala esta nueva andadura no haya buscado simplemente ponerse una medalla de lo que el ministro de educación de turno  fue capaz de hacer y diseñar, ojala.

Por Carmen Ballesteros Doncel
Profesora de Educación Secundaria

2 comentarios:

  1. Enhorabuena por el contenido de la reflexión, por lo acertado del argumentario y por el interés de las consideraciones; y todo ellos desde la experiencia de una excelente profesional.

    Deberíamos ser muchos más los que 'difundamos' en las redes este tipo de comentarios con informaciones fundamentadas. Gracias

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  2. Genial, Carmen. Sencillo, claro y muy, muy acertado. Enhorabuena. Me ha gustado mucho. Me ha gustado especialmente el párrafo "Si los alumnos no estudian “más caña al mono”, más esfuerzo, más ratios en las aulas... Buenísimo

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